Audiocuento: ¡Basta, Cipriana!


Personajes:
CIPRIANA, esclava de unos diez años.
JOAQUINA, señorita, hija de la dueña de casa.

La acción transcurre en una salita de una casa colonial.
En el centro, se ven sillas tapizadas, una mesa sobre la que
hay un vaso con agua, una pava, la azucarera y un mate.
Joaquina está sentada a la mesa. Usa una pollera larga muy bonita,
una camisa bordada y zapatos de raso. A la izquierda, se observa
una ventana con rejas. A la derecha, una puerta. Cipriana lleva un
vestido largo, remendado; pañuelo atado a la cabeza, y está descalza.


CIPRIANA (Detrás de la puerta de la derecha.): —Pido permiso para entrar, amita.
JOAQUINA: —Sí, Cipriana, pasá. (Aparece Cipriana, tiene un plato cubierto con una servilleta en la mano.)
CIPRIANA: —Buenos días le dé Dios, ama Joaquina. ¡Ah!, ¿está tomando mate? (Mientras habla, no deja de moverse.) Perdone que la distraiga y le diga que no puedo ni respirar porque casi me caigo dos veces en la calle con tanto pozo que hay. Por favor, no le diga a mi ama que la molesté porque hoy, antes de salir, me dijo: “Si te portás mal, Ciprianita, el domingo no te dejo salir”, y…
JOAQUINA: —Basta, Cipriana, decime a qué viniste.
CIPRIANA: —Acá traigo algo que mi ama me dio para su mamá.
JOAQUINA: —¿Qué le traés?
CIPRIANA: —¡Ah! No sé qué letra es, ama Joaquina. Los esclavos no sabemos leer.
JOAQUINA: —¡Basta, Cipriana! No pregunto de qué letra se trata; pregunto qué le trajiste a mamá.
CIPRIANA: —¡Ah! Empanadas de carne y pastelitos con miel de caña. Quiero decirle que cuando
vine, crucé por la Plaza Mayor y encontré al señor periodista amigo de su papá.
JOAQUINA: —Ah, viste a Mariano Moreno, ¿te comentó algo?
CIPRIANA: —Sí, dijo que estaba muy apurado, que iba a la jabonería de Vieytes. Yo no
pregunté más porque mi ama dijo que si me portaba mal, el domingo no me dejaba salir y...
JOAQUINA: —¡Basta, Cipriana! Dame esos pastelitos.
CIPRIANA: —¡¡¡Buaaaa!!!
JOAQUINA: —Pero ¿qué te pasa? ¿Por qué llorás?
CIPRIANA: —Porque mi ama me dijo que se los diera a su mamá
y si no se los doy, me porto mal, entonces, el domingo no me deja salir a pasear y...
JOAQUINA: —¡Basta, Cipriana… entonces,
dejá los pasteles en la cocina y andate, por favor!
CIPRIANA (Desde la puerta, con una sonrisa.): —Gracias,
ama Joaquina, ¿le va a decir a mi ama que me porté bien?
JOAQUINA: —Sí, sí, pero andate ya mismo.
(Cipriana sale y, al instante, se escucha un ruido.
Joaquina corre a la ventana.)

JOAQUINA: —¡Se llevó por delante al escobero!
¡La vereda está llena de escobas!
(Se toma la cabeza.)
¡Basta, Cipriana!

Olga Drennen