AUDIOCUENTO: SANTINO Y EL RÍO

 

A Santino le encanta pasar las vacaciones en las sierras.
Allí hay pájaros de todos los colores, y entre las montañas
corren ríos bajitos, de agua transparente. Santino mete los
pies en el agua y se queda un ratito mirándose los dedos.
Quiere caminar, pero hay muchas piedras.

Se da vuelta y pide:

—¡Ma…! ¡Alcanzame mis ojotas!

La mamá, que está tomando sol en la orilla, se levanta de la reposera y va a ponerle las ojotas.
Ahora sí, Santino empieza a caminar por el río. Unos pasos más allá ve la cascada. Entre dos
piedras grandes, el agua corre fuerte y hace ruido como de cascabeles. Santino llega y se sienta sobre
una de las piedras. El agua le llega hasta las rodillas. Parece que le quiere llevar los pies, pero él hace
fuerza para abajo con los dedos y le gana. Una libélula se le posa en la panza. Santino mira su cuerpo
turquesa, sus ojazos anaranjados, sus alas de papel de seda. Santino se distrae y ¡el río le roba una ojota! Estira el brazo para alcanzarla, pero la ojota se va río abajo como un barco de vela.

—¡¡¡Ma!!! ¡¡¡Ma!!! —grita Santino—. ¡El río se está llevando mi ojota!

La mamá corre, pero el río corre más rápido. La ojota zigzaguea hasta que choca con los pies de
un hombre que está haciendo la plancha.El señor se levanta. Es flaco y alto como los juncos de la orilla.
Da una zancada en el agua y pesca la ojota. El señor mira a su alrededor y empieza a caminar contra la corriente. Con su brazo en alto agita la ojota de Santino.

Y canta:

Vendo una ojota de goma,
¿quién me la quiere comprar?
La vendo porque es chiquita
y no la puedo usar.


Y cantando llega hasta donde están Santino y su mamá. El señor le dice a Santino:
—¿Es una ojota a la que le gusta nadar, o un barco al que le gusta caminar? Y se la da en la mano.
—Gracias, señor. Muy amable —le dice la mamá—. ¿Usted también está de vacaciones.


—Sí, llegué ayer con mis dos hijos; son esos que cruzan el río a caballo —le responde.

El señor flaco y la mamá conversan tranquilos Santino anda cerca, caminando con
sus ojotas en el agua, pero no escucha la conversación. Solo escucha un
chifuí chifuí que viene de un árbol. Piensa que es un pájaro chiquito, que
está aprendiendo a cantar. Y piensa muchas otras cosas, porque cuando
abre grande los ojos y para las orejas, se llena de pensamientos
y de preguntas.

—¡Mamá! —grita Santino—: ¿quién llena de agua los ríos?

Nelvy Bustamante,
Santino y el río
, Longseller 2013.